Esta reseña lleva tiempo en el tintero. Pero como no me apetece mucho estar aquí escribiendo cuando podría estar empezando la segunda entrega de Canción de hielo y fuego, creo que voy a ser breve.

«Es una nave de guerra, Tuf, una nave que se encuentra en una gran órbita elíptica alrededor de H'Ro Brana. Se trata de una de las armas más devastadoras que la Vieja Tierra lanzó a los espacios, en la guerra contra los Hranganos y, a su modo, debía ser tan temible como esa mítica flota infernal de la que se habla durante los últimos tiempos anteriores al Derrumbe. ¡Pero su potencial para el bien es tan enorme como el que posee para el mal!»

Precisamente hablando de Canción de hielo y fuego... el señor George R. R. Martin es también el autor del compendio de relatos breves de esta reseña, titulado Los viajes de Tuf. Se trata de una colección de relatos, al principio inconexos, pero que finalmente el propio autor fue adaptando para crear una novela completa, con siete capítulos que son en realidad siete relatos distintos, pero con un nexo en común: el personaje de Haviland Tuf, protagonista indiscutible, así como la nave llamada Arca en la que viaja.

Porque, precisamente, esta colección de relatos breves es de ciencia ficción pura y dura, nada de fantasía épica. Eso sí, el trasfondo está muy trabajado y es interesante: habla de un futuro lejano, en el que la Tierra ha sufrido un gran auge y avance tecnológico... y una decadencia monumental provocada por una guerra brutal contra otra especie alienígena, los Hranganos, durante la cual se perdió casi toda la tecnología y que provocó el éxodo masivo de habitantes terrícolas en busca de otros mundos menos destrozados que la vieja Tierra. Sin embargo, la Humanidad, lejos de madurar y aprender de los errores cometidos en la Tierra, ha continuado su éxodo como si se tratara de la solución a todos los males: ¿para qué cuidar de tu entorno, si siempre puedes buscar otro mundo que colonizar, en caso de emergencia? Pues bien, ahí está Tuf para desfacer entuertos...

El personaje de Tuf es bastante peculiar. Se trata de un hombretón inmenso, de casi dos metros y medio de altura, obeso hasta casi lo grotesco, con la piel del color de la leche y el cráneo totalmente calvo. Adora a los gatos, odia el contacto humano, es vegetariano, y detesta que le toquen. Y, sobre todo, posee una inteligencia extraordinaria, una astucia a la par, y orgullo y vanidad como para dejar por humildes a los reyes más pomposos. Tuf es un comerciante de no mucho éxito que, por determinadas circunstancias, acaba encontrando una reliquia de la tecnología perdida de la Tierra: una enorme nave sembradora de plagas llamada Arca. Se trata de una nave con una enorme base de datos genética sobre especies de todos los mundos explorados por la Humanidad, capaz de clonar cualquier especie en tiempo récord gracias a la tecnología de los cronobucles (que permiten acelerar el paso del tiempo en los tanques de clonación) y que, en su época, se usaron para hacer la guerra biológica contra los planetas de los Hranganos. La nave tiene una enorme capacidad para la destrucción... pero también para arreglar problemas ecológicos. Así, Tuf decide aprender a usar la nave y convertirse en ingeniero ecológico autodidacta, para arreglar problemas en diversos mundos a cambio de unos elevados honorarios. Pero claro, la Humanidad nunca aprende, y siempre está al borde de la guerra. Y hay quien quiere la nave de Tuf para imponerse a sus vecinos...

En cuanto a los cuentos, hay que decir que, salvo en un par de ellos, el final es toda una sorpresa. Qué bien maneja este hombre la tensión, madre. Y también hay que decir que tiene cierta sensibilidad (no se diría viendo las carnicerías que monta en otras novelas, e incluso en algún relato de este libro), por lo que algunos finales, si bien previsibles, siguen siendo lógicos y hermosos. Y sobre todo destaca lo bien que Martin crea los dos principales personajes, que son el propio Tuf y la maestre de puerto Tolly Mune, encargada de la reparación de la nave a petición de Tuf.

Las temáticas son diversas, y no dejan muy bien a la religión como problema fundamental de la superpoblación, al maltrato a los animales, y al desprecio por el cuidado del medio ambiente. Tal vez Tuf sea autodidacta, pero se toma el amor a la ecología con la misma seriedad con la que se toma el amor a sus gatos. Y, de paso, sirve para recordarnos a todos que este mundo en el que vivimos no nos lo han prestado; es nuestro, y nuestra es también la responsabilidad de mantenerlo en condiciones para poder seguir viviendo en él durante muchas generaciones.

Creo que es una novelita bastante recomendable.